La novela de las 7: Capítulo 2

Nota de los autores: Lo que iba a ser un experimento de escritura derivó en una catarsis colectiva. Y al final, para qué crear historias si las tenemos entre nosotros.

Capítulo 2

Cinco años es mucho tiempo. Y por más que haga memoria, los recuerdos que hoy tengo son vagos, y hasta desconfío de ellos. Si hago el esfuerzo diría que, aquella vez, Carina llevaba una camisa a cuadros, azul o verde; tal vez era celeste. Y era bien sueltita y el botón de abajo, abierto, mostraba apenas unos centímetros de cintura. Creo que fueron varios los momentos en que me quedé perdido, a la espera de que ese pliegue y el movimiento justo me mostraran su ombligo. Ahora que lo pienso me da gracia, porque nunca me importaron los ombligos. Pero ¿alcanza eso para atravesar medio mundo? Probablemente no.

Varias noches me puse a pensar en el verdadero motivo por el cual me vine. Soy consciente de que no fui del todo perseverante en mi búsqueda de Carina, que rápidamente dejé de lado mi objetivo, pero al fin y al cabo ¿no fui siempre así? Es por eso que algunos días resuelvo que ella es el motivo que me trajo a Uruguay, y vuelvo a creerme todo lo que me encargué de contar miles de veces. Sin embargo, en otras ocasiones asumo que soy un oportunista que tan solo encontró una excusa, que a través de esos ojos vi una parte de mí que precisaba ver y que en nada se emparenta con el amor, sino más bien con una necesidad o con algún tipo de sentimiento al que todavía no le encuentro nombre.

Porque, para ser sincero, ¿qué tenía allá en Chicago? Nada de lo que realmente importa; una existencia insignificante, igual a la de casi todos, rutinaria, aburrida. De poco me había servido mi afición a las letras, apenas para terminar trabajando en la oficina mediocre de un abogado de poca monta. Era real mi deseo de vivir una vida alineada con mi sentir, sin embargo Chicago me instalaba el insomnio, Chicago me ponía triste como la sonrisa de un payaso.

En cambio con Carina pude armarme una historia. Tal vez no era la mejor, pero era una historia. Tenía algo por lo que luchar, algo que me exigía dejar todo y pasar a ser un loco enamorado; tenía algo me transformaba en un personaje de película. 

La verdad es que todo suena muy lindo y utópico, pero quizá todavía era joven; no como ahora que cargo los callos que te dan las canas y los whiskies. No sé.

Adriana, Adriana, Carolina, Laura, Adam, Carlos, Felipe.

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