Escritura a Deshoras: Corazones solitarios, por Ginebra

Carta de un lector

Apreciable Dra. Giménez:

Mi decisión de empuñar la pluma para enviarle esta misiva ha padecido de dubitaciones pendulares que incluso llegaron a interferir con mi otrora sano dormir.

Pero en el cenit de mis desvelos, me doy cuenta de que debo actuar y encontrar respuestas pronto, o quedaré en aislado naufragio asido al tronco cruel de mi destino en soledad.

Dra, no comprendo la naturaleza de las damas. Por más que me empeño en hablar el idioma misterioso que arrebolan sus enaguas, estoy condenado a padecer del mudo pasmo frente a los hechos que nublan nuestro masculino raciocinio. Es día y noche en entregado esfuerzo vano por atender sus deseos, cuando la dama en cuestión me desconcierta una vez más. Por eso, Dra. Giménez, es que hoy imperiosamente necesito preguntarle:

¿Qué quieren, por Dios, qué es lo que quieren las mujeres?

Suyo siempre

Gustavo de la Barca y Palomeque

***

Respuesta de la Dra. Giménez a dos lectores

a) (a Don Juan)

Estimado señor:

¿Ha probado buscar a su enamorada en Facebook?

Suya siempre

Dra. Giménez
 

b) (a Lorenita)

Estimada señora:

Esa gata merece un escarmiento. Sugiero que contacte al Centro de Protección a los Animales y solicite el divorcio.

Suya siempre

Dra. Giménez

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