Escritura a Deshoras: Corazones solitarios, por Ana Arjona

Dra. Giménez

Estoy sola. La tarde gris me inquieta. Tengo ya cincuenta años y me aburre esta lluvia. He pensado entonces, seriamente, en mandar este mensaje como botella al mar.

No entiendo ya a mi gata. Nuestra relación se ha vuelto sombría y despareja. Ella exige todo el tiempo. Siento que me aprieta; que no me deja a solas ni un momento. Como si mi vida sólo sucediese para atender sus preocupaciones. Cuando más necesito descansar ella decide que es hora de paseo, o de merienda o de mimos. Ya no quiero rascarle la panza. Me he encontrado pensando cosas horribles como echarla por la ventana, y me odio por eso. 

Pero más la odio a ella, cuando se va, silenciosa como una sombra, a gritar por los tejados alborotada y loca, dejándome en la desesperación de esperar hasta la madrugada su vuelta. 

Ayúdeme por favor a una solución, o creo que algo terrible sucederá finalmente.

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