La novela de las 7: Capítulo 18

Yo creo que siempre vi a La novela de las 7 como un producto, como una historia, por más que sea mi historia. Es cierto, por momentos estuve un tanto afectado al remover cosas del pasado, sin embargo cada semana yo venía preparado para contar algo; ordenaba en mi cabeza los acontecimientos, priorizaba algunas situaciones por sobre otras, intentaba ser un poco gracioso y, a su vez, un poco reflexivo… Todo eso hasta hoy, que me toca estar con Carina. Desde mi rencuentro con ella voy por la vida como un sonso; ya no me importa más nada, soy un enamorado al que todo le resbala. Por tanto, ahora vengo a reunirme sin plan; vengo con mi euforia a cuestas, y nada más.

Ojo, para ser sincero, tal vez tenga que ver con cierto sentimiento de vergüenza, por estar tan paloma ―así me dice Carina y a mí me encanta―. Porque, en verdad, todo lo que tengo para contar son lugares comunes, súper trillados, de telenovela; cada día me enfrento a una nueva situación de esas, y me fascina, y por un rato siento todo tan disfrutable e intenso que desconfío de mi premisa inicial ―ser un paloma―, y peleo conmigo mismo, será trillado pero nosotros lo hacemos distinto, porque somos mejores, por eso lo disfruto tanto, porque Carina y yo… y ahí cuestiono: ¿Carina y yo qué? Y ahí resuelvo: Listo, me he convertido en cursi, soy un osito repleto de capas y capas de miel y edulcorante.

¿Qué les voy a contar? En estas semanas que llevamos juntos hemos hecho de todo. Conversamos de nuestras vidas y amores; comprobamos que somos dos soñadores sin remedio cuando arreglamos el mundo en menos de una noche; y sobre todo paseamos, paseamos mucho. Cine, Rosedal, Botánico, museo Blanes; hasta vimos una obra de teatro en el castillo Pittamiglio. Y para todo Carina tiene algo que acotar. A veces la peleo, y le digo que ella se olvida que hace cinco años que estoy en Uruguay, que me saca de paseo como si fuera un extranjero de visita. Y ahí ella se burla de mi acento. ¡Me encanta esa mujer! Pensar que en un momento la creí perdida, y ahora es mía.

Justo, la otra vez le contaba un poco a Eddie, por Spype, y no lo podía creer. De pronto me descubro ansioso, porque en un rato nos vamos a juntar para ir de compras, o porque a Carina se le ocurre invitarme a ir a tomar mate al Prado. Es increíble, yo nunca fui así; siempre había sido Eddie el romanticón, y yo me reía en su cara. Ahora me toca bancarme las gastadas.    

Todo va muy bien; prácticamente estamos conviviendo. Desde que me quedé a dormir en su casa la noche de la segunda cena, casi no he vuelto al hostel ―salvo para saludar a Ana, y hacer la «presentación oficial» de Carina a los conocidos―. Tengo un espacio en el placar y todo; incluso, hace unos días, cuando ella salía para el liceo, con aires de distraída, me dijo que me había hecho una copia de sus llaves, que es más práctico. Para mí que le agarró el gustito a que le cocine todas las noches.

Adam, Adriana, Adriana, Carolina, Felipe, Laura.

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One comment

  1. Fabio Descalzi · julio 20, 2016

    ¡Que cocinen rico juntos! Es (casi) lo mejor que les puede pasar. 😉

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