Escritura a Deshoras: Corazones solitarios, por Ana Arjona

Dra. Giménez

Estoy sola. La tarde gris me inquieta. Tengo ya cincuenta años y me aburre esta lluvia. He pensado entonces, seriamente, en mandar este mensaje como botella al mar.

No entiendo ya a mi gata. Nuestra relación se ha vuelto sombría y despareja. Ella exige todo el tiempo. Siento que me aprieta; que no me deja a solas ni un momento. Como si mi vida sólo sucediese para atender sus preocupaciones. Cuando más necesito descansar ella decide que es hora de paseo, o de merienda o de mimos. Ya no quiero rascarle la panza. Me he encontrado pensando cosas horribles como echarla por la ventana, y me odio por eso. 

Pero más la odio a ella, cuando se va, silenciosa como una sombra, a gritar por los tejados alborotada y loca, dejándome en la desesperación de esperar hasta la madrugada su vuelta. 

Ayúdeme por favor a una solución, o creo que algo terrible sucederá finalmente.

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Escritura a Deshoras: Metamorfosis, por Pablo Quílez

Cuando Juan se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en Gregorio. Intentó resolver rápido la situación pero sus pensamientos se trancaban en gre gre…

Giró a la izquierda y de reojo vio el reloj, otra vez se había despertado diez minutos antes de que sonara la alarma. Eso lo fastidió, como siempre. Se sintió un insecto. Pero inmediatamente una certeza lo tranquilizó: eso le pasa a Juan.

Suspiró todo el aire que pudo y volvió a dormir. Placentera y profundamente, por el lapso de diez minutos.